INTRODUCCIÓN
En la actualidad, la
humanidad se ve amenazada por una enfermedad sin precedentes, causada por un
virus de características particulares: el COVID-19. Pero, es valioso preguntarse
¿cuál es el origen de ambas palabras que han sellado los primeros meses de
2020, sinónimo de esta pandemia global que deja al momento millones de
afectados y miles personas muertas?. Para el nombre covid-19, hay
que remontarse al 11 de febrero de este año; en esa fecha, la Organización Mundial de Salud (OMS),
dio a conocer el nombre de la enfermedad que comenzó a propagarse en la ciudad
de Wuhan, China, desconcertando a los expertos en salud, por la manera exponencial
en que sucedía. De acuerdo a la explicación
de la OMS, el nuevo nombre se toma de las palabras "corona",
"virus" y disease (enfermedad en inglés), mientras que 19 representa
el año en que surgió (el brote se informó a la OMS el 31 de diciembre de 2019).
Sin embargo, también, esa es la designación de la enfermedad causada por el
virus, y la nomenclatura más escrita y pronunciada en lo que ha transcurrido
del año 2020; lo cual no solo viene a ser una tendencia comunicacional, sino
una megatendencia generadora de un cambio estructural, lo que propende a la
imposición de un nuevo orden mundial.
En la premisa de que el COVID-19 representa
una amenaza global, exponencial y sin precedentes en la historia conocida, este
trabajo se sustenta en las megatendencias como generadoras de cambio e
imposición de “nuevos órdenes mundiales”; lo cual indubitablemente está
ocurriendo en la actualidad con esta grave enfermedad. Es innegable que en los
últimos cinco (05) años, las megatendencias del siglo XXI han cambiado de rumbo
dramáticamente. Esto significa que las premisas de vida del hombre han
cambiado, no solo de manera inusitada, sino con una rapidez vertiginosa que nos
ha generado puntos de inflexión en la ontología, en la axiología, en la
deontología y praxiología como civilización. Hoy más que nunca el axioma
“darwiniano” de adaptarse o perecer, cobra más vida que nunca. Hoy nos
enfrentamos como especie, a una de las mayores amenazas que nos imponen
repensarnos en todas las dimensiones, ámbitos, forma de vida y hasta metas
filosóficas y la forma de alcanzar la autorrealización.
En tal
sentido, con este trabajo se persigue generar reflexiones conducentes acerca de
la globalidad y la generalidad de una pandemia, que no puede ni debe verse de
manera sectorizada, ni desde los conceptos de país; sino como mundo, desde una
nueva mirada del ser y de la cultura de paz; con visión de sistema global, en
la consciencia de que lo que afecte a uno, nos afecta a todos.
1.- RETROSPECTIVA DE LAS PANDEMIAS QUE HAN IMPACTADO AL
MUNDO Y SUS EFECTOS.
Para hacer
prospectiva, indefectiblemente, se debe hacer retrospectiva; mirar hacia
adelante implica mantener el rumbo trazado desde el pasado. Esto implica, mirar
“atrás”, para ratificar lo posible y lo deseado y rectificar las estrategias
que se están empleando para alcanzar o conquistar esos escenarios futuros a los
cuales se desea acceder. En el caso que nos ocupa en este momento, es necesario
hacer historia y ver como en ésta, hay dos grandes actores, que podrían ser
catalogados como los dos grandes asesinos invisibles que son los virus y
bacterias. Éstos, han causado efectos casi inestimables en la humanidad de
diferentes maneras. Quizás, para el momento de su ocurrencia, no se les dio la
lectura adecuada, por tanto, no fueron lo suficientemente comprensibles,
medibles y cuantificables, sino, hasta años después de su ocurrencia; lo cual
permitió realizar el inventario de sus efectos tanto materiales, como
inmateriales en la humanidad y en la forma de vivir. Indudablemente, cada una de las pandemias
vividas por el hombre han dejado huella y han impuesto nuevas megatendencias.
Ejemplo de pandemias en siglos pasados son la
viruela, el sarampión, la gripe española, la peste negra, el SIDA, entre otros.
Aunque algunas ya felizmente están erradicadas, sus efectos han causado más de
ochocientos (800) millones de muertes en todo el mundo, sin contar con los
efectos sociales, psicológicos, morales, económicos y en el desarrollo de las
naciones que las sufrieron con mayor intensidad; sus efectos han sido eminentemente negativos, aunque por serendipia,
también han tenido efectos positivos en la humanidad. Podemos ver que, en lo social, las pandemias han generado efectos psicológicos notables,
huérfanos, hogares y sociedades, devastados, baja calidad de vida, servicios
precarios, pero avances en medicina, sanidad y resiliencia social que han
permitido a la humanidad avanzar y desarrollarse, mediante el establecimiento
de nuevas políticas públicas tendentes a mejorar la calidad de vida y propiciar
el desarrollo y la seguridad en todos los sentidos, para bienestar de la
población.
Asimismo, en lo económico, los efectos más notables recesión,
estancamiento, subdesarrollo social temporal, pero una vez trascendido, la
resiliencia de los pueblos, les ha permitido alcanzar grandes niveles de
desarrollo industrial. En el aspecto demográfico, pese a las drásticas reducciones de la población, el hombre
ha establecido nuevas maneras de asociarse en comunidades, novedosas formas y
modelos urbanísticos, nueva geometría geopolítica, con impactos y reacomodos en
todos los ámbitos, entre un sinfín de adaptaciones a las condiciones impuestas
por las referidas pandemias. En fin, es irrefutable que se ha dado la
imposición de un nuevo orden mundial post pandemias; que ha requerido del ser
humano una nueva manera de adaptarse para sobrevivir y perpetuar la especie.
Hoy, la humanidad enfrenta una pandemia inédita, de naturaleza y efectos,
por ahora, desconocidos en su totalidad; lo cual amenaza de manera más
creciente, agresiva, rápida y exponencial en sus efectos que pandemias
anteriores: indiscriminada a la vida del hombre sobre la faz de la tierra; pues
sus efectos demográficos, sociales, económicos, en todas las escalas, niveles y
ámbitos, tienden a ser impredecibles, por la cantidad de variables no
gobernables y de actores de diferentes posturas e intereses en el tablero de
ajedrez mundial. El gran reto de la prospectiva para plantear escenarios
futuros posibles (Futuribles) o futuros deseables (Futurables) en estas
condiciones, es el estar frente a un fenómeno de proporciones dantescas, de
naturaleza y solución desconocida, que cada día crece y lo hace menos abordable
y, en consecuencia, menos asible. Esta connotación de la pandemia, hace al
hombre como sujeto y a la vez objeto, sentirse en un estado de indefensión y
vulnerabilidad, que le impide analizar un fenómeno que muta, crece y amenaza
exponencialmente cada día.
La diferencia de pandemias
anteriores, con la que actualmente vivimos, es que en una sociedad globalizada
y mundializada, se hace casi imposible contener las formas de contagio, razón
por la cual se expanden muy rápidamente; pudiendo llegar, como en efecto
ocurrió entre los meses de marzo y abril, a cuarenta o cincuenta países en tan
solo una semana. Siempre habrá epidemias, algunas más débiles que otras, pasa,
ha pasado y pasará. Es imposible impedirlas en un mundo como el actual, por lo
que hay que cambiar la forma de afrontarlas y aprender de los errores que se
han cometido en el pasado. Históricamente todo periodo post pandémico genera un
nuevo orden mundial, una nueva forma de vivir.
2.- CRISIS E INCERTIDUMBRE. TENDENCIAS DE FUTURO.
Según Morin (1990), es innegable, que el ser humano, complejo, cambiante,
voluble, susceptible, individual, social, sea objeto y a la vez sujeto del
cambio impuesto por las variables y actores que le circundan. Esto trae como
consecuencia que sistémicamente, una conducta individual sea sumada a otra y
tengamos las conductas sociales globalizantes que rigen a la humanidad y, que a
la postre, sean las que originan las megatendencias, como las fuerzas
incontenibles que por un tiempo determinado, rigen y signan el curso de la vida
global.
Ante el riesgo cierto de la vida, tenemos conductas de miedo, que afectan
los elementos que integran todo escenario estratégico (variables y actores) en
un escenario global, regional, nacional, social y familiar. En estos estadios,
la incertidumbre ansiedad o que además de crear zozobra ante un fenómeno
inédito como el COVID-19, de hecho, aceleran los factores de cambio globales,
generando nuevas tendencias de futuro. En pocas palabras, hombre y sociedad son
sujeto de estos factores ineludibles de cambio, también conocidos como megatendencias.
Las megatendencias son fuerzas estructurales incontenibles, rectoras de
la vida y generadoras de cambio que tienen profundas consecuencias sociales,
económicas y políticas y transversalizan la vida del ser humano. Van más allá
de las modas y tendencias comúnmente conocidas. Más o menos permanentes en el
tiempo y susceptibles a una fuerza tanto o más grande que pueda reemplazarlas. Generan
transformaciones en el proceso de la globalización y mundialización en la
actualidad, creadoras de incertidumbre, alta complejidad en entornos difusos y
de alta dificultad para la toma de decisiones. Indudablemente estamos en presencia de un cambio epocal, impuesto por el
COVID- 19 como factor generador y que a la vez elimina otras megatendencias,
que afecta de manera sistemática y transcompleja una serie de variables y
ámbitos casi de manera insondable.
Como dijésemos
anteriormente, una megatendencia, puede ser reemplazada por otra tendencia de
alto impacto global, lo que revela que éstas no tienen el carácter de
imperativo categórico. Es decir, no es absoluto o inamovible. Muestra de ello,
es que en los últimos cinco (05) años las megatendencias han cambiado drásticamente,
generando nuevas miradas ontológica, axiológica, lo cual reviste la imperiosa
necesidad de adaptarse o perecer. Es fáctico e insoslayable, una nueva
deontología global para hacer frente a esta amenaza a la vida.
CAÍDA DE LA MEGATENDENCIA COMO IMPERATIVO
CATEGÓRICO

FUENTE: AIM/ONU
El cuadro presentado revela
el gran reto de la prospectiva actual en no solo determinar futuribles, sino
intuir con gran velocidad los factores y agentes del cambio. Se observa cómo
los escenarios prospectivos, visionados por las megatendencias hace cinco (05)
años cambiaron drásticamente. En el año 2015, se tenían para el siglo XXI: en
primer lugar, las migraciones como primer movimiento de globalización y
mundialización; como allanador de diferencias entre los pueblos y agente de
consumo y transculturización; seguido de las ciudades inteligentes, internet de
las cosas (IdC) y la hiperconexión y como tercera la premiumización. Éste
último fenómeno, signado por la fuerza de consumo protagonizada por jóvenes
denominados como Generación Z, Millennials, Generación X, celebridades, entre otros.
Este nicho de consumidores, afirma que están dispuestos a pagar un precio
superior por un producto de “mayor calidad”, “low sweet” o “low fat”.
Asimismo, podemos observar
un giro en estas megatendencias en manos de cuatro (04) años, en 2019, cuando
figura en primer lugar el súper consumidor, en segundo lugar la urbanización y
su nueva geometría impuesta por las migraciones a gran escala y en tercer lugar
el teletrabajo, como una manera de superar las barreras impuestas por las
distancias físicas, económicas, ambientales, idiomáticas, políticas, entre
otros. Este giro nos evidencia de cómo los agentes de cambio, aun relacionados,
redirigen las necesidades laborales, de consumo y hasta la autorrealización del
hombre, en lapsos dramáticamente cortos.
Empero, estamos viviendo un
golpe de timón sin precedentes en las historia; el cual está representado por
un cambio de megatendencias en todas las dimensiones, en menos de seis (06)
meses. Este giro es impuesto por la pandemia del COVI-19; y es que no hay
escala, nivel, sector o ámbito que no haya sido impactado por esta enfermedad.
Para marzo de 2020, tres (03) meses después de haberse descubierto este virus
en China, las tendencias globales giran en torno a la preservación de la vida.
La primera, la búsqueda de la salud, el bienestar para la preservación de la
vida, la segunda está representada por la hiperconexión y el consumo digital;
producto del necesario distanciamiento social y una forma de mantenerse vivos empresas
y comercios. La tercera, una tendencia que no había figurado en los últimos
años: la conciencia social y la bioética. Emerge como una verdadera necesidad
de preservar la vida y la supervivencia del ser humano sobre la faz de la
tierra.
Como podemos ver, en
prospectiva, nada está dicho, nada es determinante. Con esto, no se pretende
demeritar o hacer perder valor a la prospectiva y todas sus maneras y métodos;
por lo contrario, pretendemos vindicar la necesidad de tomar cada día más en
serio esta disciplina y hacerla transversal a la vida del hombre. La humanidad
no puede quedar a expensas de fríos modelos matemáticos, cuantitativos; tampoco
en manos del empirismo que se diluye en el ensayo y el error. En atención a
ello, es necesario hacernos de la prospectiva como herramienta fundamental
para, primero visionar futuribles y futurables, sino escoger el mejor escenario
de estos, con su respectiva estrategia para conquistar este futuro.
ESCENARIOS PROSPECTIVOS FRENTE AL COVID 19
Es
fundamental, en todo ejercicio prospectivo, plantearse escenarios posibles.
Aunque el plano teleológico de este trabajo no está dirigido a la explicación
detallada de futuribles o escenarios en detalle, es importante aclarar que la
amenaza del COVID-19, las enfocamos como global; pues, atenta directamente
contra la vida del ser humano sobre la faz de la tierra. En aras de ello, nos
hemos planteado tres posibles escenarios ante esta enfermedad sin precedentes.
Estos escenarios, atienden a las variables de orden global; van más allá de
indicadores de gestión, está enfocado los aspectos de importancia toral como la
consecución de la vacuna contra la enfermedad, el acceso a la población, las
condiciones que permitan su compra y entorno político. Consideramos, que el
paso principal de la prospectiva es el planteamiento de futuribles sobre
grandes variables, ir al futuro, proyectarlas y retrotraerlas al presente, para
luego plantear la estrategia para la toma de decisiones presentes que nos
permitan conquistar y enfrentar ese futuro deseado o posible. En atención a
ello, planteamos:



PROSPECTIVA COMO HERRAMIENTA A LOS EFECTOS GLOBALES DEL
COVID-19
Mirada prospectiva a una pandemia emergente.
Aprovechemos el estímulo que nos ofrece la corona crisis
del COVID 19 para que las ideas que emergen hoy desde el pensamiento crítico
latinoamericano y decolonial no se desvanezcan en el aire, para que insurjan
prospectivamente desde nuestras casas de estudio, propuestas transformadoras
que nos movilicen hacia la garantía plena del derecho a la salud y a una vida
digna.
La prospectiva puede entenderse como el conjunto de
tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la
tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las
tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios
económicos o sociales, brinda marcos metodológicos para identificar y analizar
eventos inesperados o sorpresivos, los cuales son percibidos como
acontecimientos con baja probabilidad de ocurrencia, pero generan grandes impactos
en caso de concretarse. La prospectiva ha de ser un mecanismo para la
construcción de imágenes compartidas de futuro, a través de metodologías
flexibles, cuyo producto debe tener trascendencia social y debe apuntar a la
transformación de la sociedad.
La prospectiva no solo se encarga de estudiar el futuro,
sino también de tomar acción en el presente, a través de políticas públicas,
planes y presupuestos, esta tarea es todo un desafío a nivel internacional. Se
considera importante para el estudio prospectivo que la comunicación entre
diferentes actores, la concentración en el largo plazo, el consenso sobre prioridades
y visión compartida del futuro, la obtención es el objeto de las metodologías
empleadas en prospectiva y el compromiso con los resultados obtenidos y los
objetivos a alcanzar son condiciones fundamentales para la construcción de
escenarios.
Es importante dar un alto para señalar que interpretar
los impactos del COVID 19 en la salud individual y colectiva de la población
pasa por establecer desde que perspectiva de la salud vamos a mirar el conjunto
de situaciones que están relacionadas con este acontecimiento. Por ello, desde
el escenario donde emergen estas notas asumimos primeramente lo establecido en
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en relación a la salud
(…) Es un Derecho Social fundamental,
obligación del Estado, que lo garantizará como parte del Derecho a la Vida (…) (art 83).
Sin embargo, para Sánchez (2020) sería un desacierto
reducir la dimensión de la epidemia a la respuesta sanitaria, que es esencial y
constituye una condición necesaria pero no suficiente para entenderla, combatirla y superarla. Las dimensiones social,
económica, política, ética y cultural deben ser estudiadas y entendidas. Allí
están los determinantes y consecuencias de esta enfermedad, cuyos impactos y
repercusiones en todos los órdenes de la vida aún están por verse.
Es necesario precisar el fundamento filosófico de la
salud que creemos puede aproximarnos a garantizar dicho Derecho Constitucional,
en este caso acudimos a la Salud Colectiva como corriente del pensamiento. Uno
de sus más connotados referentes, Breilth (2019) señala que “la salud es un proceso dialéctico que existe
siempre, es una lucha entre la vida y la muerte, entre el estado saludable y
las condiciones que lo amenazan, es un proceso complejo social y, como tal,
jamás deja de existir”. Como vemos, esta concepción se aleja de aquella
mirada de la salud de carácter exclusivamente medicalizado, hegemónico y
reduccionista que relaciona a la salud con la ausencia de la enfermedad, con
los medicamentos, con el temor a la muerte, con lo biológico, con lo
tecnocrático, además mercantilista, y por ello, funcional al modelo de
producción capitalista.
Por lo antes mencionado, podemos decir que hablar de la
salud como un proceso dialéctico,
histórico y social relacionado con la enfermedad implica precisar que el
mismo acontece en un territorio determinado, bien sea una comunidad,
institución o el lugar de trabajo. Lugares que tiene una historia, que están
compuestos por determinada estructura de clase y tiene su propia identidad
cultural, en el que sus pobladores se sustentan de una determinada área de la
economía y establecen entre sí y con su entorno no humano relaciones de poder,
bien sean de reconocimiento o (des)conocimiento,
hegemónicas, armónicas o contra hegemónicas, sustentables o de explotación.
La salud es también un proceso dialéctico porque no está
completamente garantizada mientras no existan condiciones de posibilidad para
la garantía de otros derechos tales como el trabajo digno, la vivienda, la
alimentación, la educación, a la participación, al ambiente libre de
contaminación. Todos estos aspectos y muchos otros componen la determinación
social de la salud, la producción y reproducción social y el metabolismo
sociedad naturaleza, las llamadas categorías fundamentales de la salud
colectiva.
De la misma manera Sánchez (2020), asevera que en lo
inmediato, los cambios de estilos de vida y el manejo progresivo, selectivo,
estratificado del distanciamiento social y de la cuarentena solidaria son un
desafío para las políticas; desafío que requiere de caracterización
epidemiológica, análisis económicos, psicológicos y culturales, enfoques desde diferentes
disciplinas del saber y áreas del quehacer.
La Corona Crisis.
Como se expresara al inicio de este trabajo, desde
inicios del año 2020 hasta la presente fecha, una partícula microscópica
modestamente estructurada ha ingresado al organismo de más de seis (06)
millones de personas en todo el planeta. Es un virus, llamado SARS-CoV-2,se
detectó por primera vez en diciembre de 2019 en Wuhan, una importante ciudad
comercial de la República Popular China, es el causante del COVID 19, un
síndrome respiratorio capaz de crear perturbaciones que afectan el desempeño
orgánico de las personas, especialmente las de aquellas que componen la
población de la tercera edad y en quienes estén previamente afectados por
enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la tuberculosis, el cáncer o el
VIH y si no es tratada a tiempo, puede dejar importantes secuelas, inclusive
llegar al punto de causar hasta la muerte.
La crisis ecológica (metabolismo sociedad naturaleza)
El SARS-CoV-2es un virus de origen zoonótico, producto de
un Spillover o“derrame” en español, expresión que Quammen* (2020) asigna al
momento en que cierta forma de virus o de microbios que provocan enfermedades,
pasa de su portador no humano a su primer portador humano. En los últimos
sesenta años se han acelerado los brotes zoonóticos, fundamentalmente desde
animales silvestres, el 70 por ciento de las enfermedades infecciosas
emergentes de origen animal proceden de la fauna silvestre, destacan entre
estos brotesel virus Machupo (1959), Marburg (1967), Lassa (1969), Ébola
(1976), HIV-1 (SIDA, 1981, desde el simio), HIV-2 (1986), Hendra (1994, desde
el caballo), gripe aviar (1997), Nipah (1998, desde el cerdo), Nilo Occidental
(1999), SARS (2003 desde el murciélago), gripe porcina (2003), gripe A (2009),
virus MERS (2012), Ebola (2014-2016, desde el camello) y Covid 19 (2019-hoy,
desde el murciélago) y según Daszak (2020) se ha calculado que, en los
murciélagos, hay más de 5000 cepas de coronavirus esperando a ser descubiertas.
El geógrafo marxista David Harvey (2020) nos recuerda que
los virus van mutando todo el tiempo, pero las circunstancias en las que una
mutación se convierte en una amenaza para la vida dependen de acciones humanas.
El ritmo consecutivo (hasta ahora no simultaneo) con el cual están apareciendo
estas enfermedades infecciosas, especialmente en los países del sur global,
empobrecidos, con la más elevada desigualdad social del planeta y abundante
diversidad de vida silvestre, son una expresión de la crisis ecológica
provocada por los excesos de los seres humanos en su relación con otros seres
vivos no humanos y la pachamama, lo cual obliga a tomar medidas urgentes. Por
su parte, Enrique Leff(2020) pensador de la ecología política latinoamericana
advierte que gracias a los procesos de deforestación, quema y destrucción
acelerada que padece la amazonia son elevadas las probabilidades que desde esta
región emerjan las próximas epidemias del planeta.
El tráfico y la comercialización de animales silvestres
(una industria prohibida en China desde el mes de febrero, generadora de 76.000
millones de dólares al año y que dejará sin trabajo a 14 millones de
personas);la migración forzada de animales desde sus hábitats naturales por los
efectos del cambio climático o por la expansión de la frontera agrícola; la
ganadería intensiva; el extractivismo y la minería ilegal; la agricultura
intensiva y la frontera agrícola; el uso de agrotóxicos y sus efectos en la
migración de la fauna silvestre por la contaminación de suelos y fuentes de
agua; así como la construcción de urbanismos y vialidad en territorios donde
los animales domésticos y las personas entran en contacto con animales
silvestres, son algunos ejemplos de procesos peligrosos propios del modelo de
producción capitalista que provocan desequilibrios en el metabolismo sociedad
naturaleza y facilitan la aparición de enfermedades infecciosas como el COVID
19.
La crisis en la producción de alimentos (determinación social)
Si bien el SARS-COV-2 es un virus que puede desaparecer
como ya han desaparecido otros, tal como el SARS o el MERS, para Silvia Ribeiro
(2020) puede suceder que surjan nuevas epidemias o que el COVID-19 se
transforme en el COVID- 20 o el COVID-21 por otra mutación, porque desde la
destrucción de los hábitats silvestres a las mega granjas de cría animal, todas
las condiciones se mantienen intactas. Y en la producción de alimentos destaca,
como una causa de la aparición de enfermedades de origen zoonótico en los
humanos, la expansión de la frontera agrícola.
La frontera agrícola implica la deforestación de grandes
extensiones de bosques para la siembra de pastos como alimento para el ganado
criado intensivamente, o para cultivos comerciales incluyendo la soja y el maíz
transgénico y también la palma aceitera para la producción de biocombustibles.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), el 80% de la deforestación tiene como objetivo liberar
espacio para la producción agrícola. Para Cóilín Nunan (2020) a esta
destrucción de los hábitats, a causa del avance de la agricultura industrial
con agrotóxicos, se atribuye la emergencia de nuevos patógenos que afectan a
los seres humanos, gracias al desplazamiento de animales silvestres hacia zonas
cercanas a los asentamientos humanos y, por ende, creando más oportunidades
para la transmisión de enfermedades.
Otra causa de la aparición de estos virus infecciosos de
origen zoonótico es la cría industrial y masiva de animales para la producción
de alimentos de consumo humano; especialmente pollos, pavos, cerdos y vacas.
Para Ribeiro (2020) en la mecánica de aparición de las epidemias y pandemias de
origen zoonótico un factor fundamental es la existencia de enormes cantidades
de animales de cría confinados, hacinados e inmunodeprimidos, que alientan la
mutación de los virus. Es importante destacar que para la prevención de
diversas enfermedades a estos animales se les aplican antibióticos y
antivirales y también se les expone a plaguicidas, Numan (2020) señala que los
cerdos, los pollos y el ganado de cría intensiva padecen muchas enfermedades
respiratorias e intestinales de carácter bacteriano, por lo cual, se estima que
más del 70% de los antibióticos usados en el mundo se emplean en la ganadería.
Muchas organizaciones campesinas, pequeños productores,
movimientos sociales entre otras organizaciones ecologistas, han realizado
denuncias en contra de la resistencia bacteriana en los humanos originada por
el consumo de alimentos cárnicos contaminados. La Organización Mundial de la
Salud (OMS) ha realizado un llamado desde 2017 a que “las industrias
agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente
antibióticos para estimular el crecimiento de animales sanos”.
Crisis Sanitaria y Corona-Crimen Imperialista contra la
República Bolivariana de Venezuela.
La pandemia de COVID-19 no es solo una expresión mundial
de la crisis ecológica, alimentaria, también nos devela una crisis sanitaria,
geopolítica y social. Tanto en el Norte Global como en el Sur Global, la Corona
Crisis o crisis producida por la pandemia del COVID-19 tiene repercusiones
particulares según el contexto geográfico, político social, cultural y
económico donde ella acontece.
Las políticas económicas Neoliberales aplicadas a lo
largo de más de cuarenta años en los países del mundo occidental, es decir,
Europa, América del norte y América del Sur, sometieron a los pueblos al
desfinanciamiento y la precarización de sectores sensibles como el de los
servicios públicos, la educación, el trabajo y la salud. La restricción
presupuestaria y la limitación de la inversión social trajo consigo el abandono
de estrategias como la Atención Primaria en Salud (APS) que priorizan la
promoción de la salud y la prevención de enfermedades, el desmontaje y
privatización de los sistemas de salud, el despido del personal de los centros
de atención a la salud, la flexibilización laboral, la disminución de salarios,
la disminución en la cantidad de camas, el cierre de los servicios de
emergencia, la eliminación de centros de investigación científica y
epidemiológica, el cierre de centros de investigación de enfermedades
infecciosas, la implementación de estrategias como la Cobertura Universal de la
Salud auspiciada por la OMS y por el filantrocapitalismo en
Salud, son algunas de estas medidas impuestas por instituciones
crediticias como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y que han
vulnerado el derecho a la salud de la población.
Para Harvey (2020) las advertencias hechas por la
ocurrencia de anteriores pandemias, como el SARS, MERS, Ebola, no fueron
suficientes para que los gobiernos entendieran la importancia de que los países
debían contar con servicios públicos de atención a la salud. Ante los efectos
políticos, sociales, económicos y sanitarios de la actual pandemia del
SARS-Cov-2, Emanuel Macron desde Francia, Boris Johnson desde Inglaterra y Pedro
Sánchez desde España han dado un giro en sus discursos neoliberales declarando
la importancia de fortalecer en sus países a los sistemas públicos de salud
mediante la atención gratuita y de calidad, el reimpulso de políticas públicas
y la reivindicación de los trabajadores sanitarios con seguridad social y
protección laboral, un giro de 180° en las políticas de estos Estados
Liberales. Es importante recordar el descontento social que estalló meses atrás
en estos países de Europa (Francia y España)y en América Latina (Chile, Brasil,
Ecuador, Colombia, Perú) gracias a las medidas de austeridad y ajuste
presupuestario que se aplicaron en detrimento de los intereses colectivos
relacionados con la atención a la salud pero también con los desahucios, la
flexibilización laboral, la extensión de la edad de jubilación, entre otros.
La República Bolivariana de Venezuela se constituye en un
Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia (Art. 2, CRBV), por lo que
la aplicación de cualquier medida semejante a las antes expuestas socavaría la
garantía de los derechos sociales a los venezolanos y venezolanas, serian
inconstitucionales. Por el contrario, acá en Venezuela se han impulsado
políticas de Salud orientadas a garantizar el derecho a la salud, puedo afirmar
que la más emblemática de las políticas públicas de la Revolución Bolivariana
es la Misión Barrio Adentro, nacida en diciembre del año 2003 orientada a
garantizar de manera gratuita, solidaria y universal este derecho a través de
un Sistema Público Nacional de Salud, SPNS.
De la misma manera se ha procurado la formación de
voceros y voceras comunitarias en promoción de salud y prevención de
enfermedades, de profesionales en áreas de la medicina integral comunitaria, en
enfermería, odontología, terapia ocupacional, entre otros, también se estimula
la formación de postgrado en áreas de la gestión en salud pública, en
epidemiologia, en medicina general integral, en áreas de especialidades
clínicas y recientemente inició el Programa Nacional de Formación Avanzada en
Salud Colectiva en articulación interinstitucional de la Universidad
Bolivariana de Venezuela (UBV), la Universidad de Ciencias de la Salud (UCS) y
el IAE “Dr Arnoldo Gabaldon”.
Complementariamente se ha constituido un modelo de
atención integral con una infraestructura física y de gestión que permite
llegar a los sitios más recónditos con las Áreas de Salud Integral Comunitaria
en las que contamos con el apoyo de la misión médica cubana gracias a un
convenio internacional entre Cuba y Venezuela.
Sin embargo, la aparición del COVID-19 en territorio
nacional ocurre en momentos muy difíciles para el país, la crisis sanitaria en
Venezuela se presenta por vías aún más infames que las de otros países. Tal
como señala Pascualina Curcio (2020) desde diciembre del año 2014, Venezuela es
víctima de un conjunto de medidas coercitivas y unilaterales del gobierno de
los EE.UU que han derivado en un bloqueo económico severo, afectando
directamente el funcionamiento social, económico e institucional del país y muy
especialmente al sector salud. Con estas medidas se ha limitado no solo la
compra de medicamentos sensibles para la población como: la Albúmina Humana,
Inmunoglobulina y otros hemoderivados, reactivos de sangre, vacunas para la
inmunización infantil, Antibióticos hospitalarios, Anestésicos y
Antituberculosos, insumos para la reparación de equipos de diverso tipo desde
tomógrafos hasta equipos de hemodinamia, material médico quirúrgico, material
médico descartable; todo ello acompañado de una retención en la banca
internacional de los fondos que el Estado venezolano destina para ello a través
de proveedores.
Asimismo, la aplicación de estas medidas coercitivas y
unilaterales ha impactado negativamente en la ejecución de muchos programas de
atención a la salud destinados a la prevención de enfermedades, entre ellas,
las de transmisión vectorial como la malaria, el mal de Chagas y el Dengue;
afectando también el saneamiento ambiental y la contraloría sanitaria. Estas
medidas criminales aplicadas por EEUU y solicitadas por sectores de la extrema
derecha venezolana, han afectado directamente a más de cinco millones de
venezolanos, entre ellos 2 millones 600 mil niños y niñas venezolanas que han
visto limitadas su inmunización a enfermedades como la Meningitis, el Rotavirus
e Influenza.
Un crimen de lesa humanidad que puede ser certificado con
el informe presentado por los economistas Weisbrot y Sachs (2019) a la firma
independiente denominada Centro de Investigación Política y Económica (CEPR por
sus siglas en inglés), radicada en EEUU, El 25 de abril de 2019, donde
manifiestan que las sanciones de EEUU hacia Venezuela han infligido, y
progresivamente infligen, daños muy graves a la vida y la salud humana,
incluidas más de 40.000 muertes entre 2017 y 2018; y que estas sanciones
encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal
como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de
las cuales Estados Unidos es signatario.
Por lo antes expuesto, nos preguntamos ¿Qué aportes
podríamos dar desde nuestro doctorado para escapar de esta Crisis Sanitaria y
de este corona-crimen? Consideramos primeramente que en un mundo Pluricéntrico
y Multipolar, la relación de dependencia tecnológica, farmacéutica, financiera,
cognitiva y científica que los países del sur global mantienen con los del
norte global deben ser transformadas a relaciones armónicas y de
interdependencia. Asimismo, la garantía del Derecho a la Salud debe pasar a ser
un asunto de Seguridad y Defensa de la Nación y debemos prepararnos para
consolidarlo en las áreas antes mencionadas.
De la Atención Médica Institucional al Cuidado Integral
Comunitario.
En el marco de la lucha contra el COVID-19, aplanar la
curva es una expresión que ya se ha hecho común en nuestro discurso cotidiano,
hace referencia a la necesidad imperiosa de ejecutar acciones para impedir que
el número de contagios exceda un máximo establecido y la pandemia pueda ser
controlada .No ha sido nada fácil aplanar esa curva en un país asediado por
medidas coercitivas y unilaterales, impedido de ofrecer una atención de calidad
a su población, amenazado por una invasión militar imperial desde países
vecinos y además ser receptor de miles de connacionales que retornan al país
muchos de ellos contagiados del COVID-19.
Las estrategias utilizadas para evitar el contagio masivo
y simultáneo del COVID-19 han sido el aislamiento social voluntario, el uso de
tapabocas, el distanciamiento social y el lavado de las manos con agua y jabón.
Son las recomendaciones hechas por la OMS y sugeridas también por la República
Popular China quien las ejecutó con éxito en Wuhan evitando el contagio y
propagación en otras ciudades; son las medidas aplicadas por un Estado
Democrático y Social de Derecho y Justicia que ha actuado con un carácter
protector y preventivo, priorizando la cuestión socio-sanitaria y la seguridad
social sobre lo económico, pero también son medidas recibidas con disciplina
por un pueblo sensibilizado y organizado para actuar en pro de la garantía de
su derecho a la salud.
Desde el norte Global pero con resonancia decolonial Max
Haiven (2020) señala que gracias a la pandemia estamos develando el trabajo
verdaderamente valioso de personas que están en la vanguardia de esta pandemia,
aquellos dedicados a los cuidados mediante el trabajo silenciado de hombres y
principalmente de mujeres que exponen sus vidas para protegernos en nuestro
confinamiento desde el hogar, desde la calle, la comunidad o desde un centro de
cuidados, personas que cuidan de niños y niñas, de abuelos y abuelas, de
personas con discapacidad y de aquellos que no pueden atender sus necesidades
básicas por si mismos, demostrando que también existen formas de cuidarnos unos
a otros sin esperar respuestas de las instituciones del Estado ni de sus
autoridades.
En contra de valores propios del modelo capitalista como
lo son el individualismo, la competencia, la ganancia y el egoísmo emerge el
paradigma de los cuidados integrales a la salud con valores de orden espiritual
como el poder de la ayuda mutua, la solidaridad, la comunicación, la
cooperación, la complementariedad y el reconocimiento, un rescate de la
espiritualidad, que en palabras de Leonardo Boff (2012) “Ser espiritual es
despertar a la dimensión más profunda que hay en nosotros, que nos hace
sensibles a la solidaridad, a la justicia para todos, a la cooperación, a la
fraternidad universal, a la veneración y al amor incondicional. Y controlar sus
contrarios”.
Estos valores y una renovada espiritualidad nos
permitirán organizarnos y responder rápidamente en la toma de decisiones
colectivas y asumir la responsabilidad de nuestro destino postpandémico. Añade
Boof que tenemos que cuidar de todo: de nosotros mismos, de los otros, que
pueden salvarme o salvarles yo a ellos; de la naturaleza, para que no se vuelva
contra nosotros con virus dañinos, con sequías desastrosas, con inundaciones
devastadoras, con eventos climáticos extremos; cuidado con la Madre Tierra para
que continúe dándonos todo lo que necesitamos para vivir, tal como lo estamos
viviendo.
En complementariedad, Maristella Svampa (2020) propone
que una vez superada la pandemia los países deberían priorizar tanto el
fortalecimiento de un sistema nacional de salud y de cuidados,
es una idea interesante que exige un abandono de la lógica mercantilista que
favorece a los complejos farmacéuticos y de las tecnologías médicas y un
redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado, así
como el equilibrio y el cuidado de la Madre Tierra. Por su parte, Boaventura de
Sousa Santos* (2020) nos describe su mirada de la realidad Al Sur de la Pandemia aclarando que en su opinión, el SUR no designa un espacio geográfico,
sino un espacio-tiempo político, social y cultural, explica que el SUR es una metáfora del sufrimiento
humano e injusto, causado por la explotación capitalista, la discriminación
racial y la discriminación sexual.
Boaventura advierte que en situaciones de cuarentena,
confinamiento y aislamiento social esas formas de sufrimiento se incrementan
drásticamente, le inquietan la situación de violencia doméstica y de género que
padecen niños, niñas y mujeres, así como la explotación laboral en el hogar de
la que estas últimas son víctimas
RUPTURA PARADIGMÁTICA COMO ALTERNATIVA A UN NUEVO
ORDEN
Necesidad de una visión sociopoiética ante la pandemia
del covid-19
Para muchos, el aporte más destacable de Luhmann es la
aplicación del concepto de autopoiesis, tanto en como observar la organización,
como para comprender las realizaciones estructurales y discursivas de la
sociedad y de los sistemas que se han derivado desde ella. Primordialmente, el
concepto de autopoiesis surge para explicar entidades (inicialmente células),
que se producen y mantienen mediante operaciones cuya función primaria consiste
en mantenerse por efecto de sus propios estados. Esta innovación conceptual
aparece a fines de la década de 1960 cuando Humberto Maturana y su equipo de la
Universidad de Chile, motivados por responder la pregunta sobre la naturaleza
de lo viviente, intentaron dar cuenta de los sistemas vivos, como unidades
dotadas de autonomía e individualidad. Luhmann profundiza sustancialmente esta
teoría y culmina divulgándola, al punto de constituirse en lo distintivo y, a
la vez, lo más polémico de su obra. Dicho en breve, las diferencias entre las
aproximaciones bio(auto)poiética (maturaniana) y la socia(auto)poética
(luhmanniana) guardan relación con las características de los fenómenos a
explicar (Arnold y Cadenas 2013), a saber: una es un fenómeno simplificado y
amplio que aborda a todos los tipos de sistemas, válido solo para un grupo
particular de conjuntos.
Por estos motivos preferimos distinguir entre un enfoque
relativo a la autopoiesis biológica y el enfoque dedicado a los sistemas
sociales que denominamos sociopoiesis. De aquello, entienden o difunden tres
tipos de sistemas autopoiéticos: los vivos, los psíquicos y los sociales
(Luhmann 1986, 1991). Como los sistemas sociales resultan de los enlaces que
producen desde y en sí mismos, resulta fundamental indicar los elementos que
los componen, identifican y diferencian. Desde esa posición, Luhmann (1991)
identifica a las comunicaciones (y no a los individuos o sus acciones). Tal
postura, constituye un renovado aporte para la comprensión de la sociedad, ante la pandemia del COVID-19, la cual
surgiría desde sus operaciones comunicativas, producidas en modos recurrentes y
recursivos. Para la teoría sociopoiética el telos de la vida, no es el consenso
o el poder, sino más bien una manifestación de la interacción compleja de los
sistemas sociales, en este sentido las protestas de los desplazados, segregados
o apartados de la comunidad, también forman parte de la vida; de manera
equivalente la subjetivación, la individualidad o el cumplimiento de fines son
más bien consecuencias de la misma comunicación necesaria como raza humana ante
una amenaza global. Hasta el entendimiento es independiente del que tengan los
sistemas participantes, quienes perfectamente pueden relacionarse sin
comprender ni aceptar lo mismo. Más aun, cuando predominan los rechazos
-también en aumento-, los sistemas sociales desarrollan mecanismos para
garantizar su continuidad.
En fin, la postura que demanda el manejo pandemia y
postpandemia, requiere del concurso de una nueva ontología del ser. No se puede
aspirar el retorno de una normalidad que vivíamos hasta el 31 de diciembre de
2019, cuando apareció el COVID-19 en la palestra mundial. Es necesario, como
afirmamos, desprendernos desde una nueva ontología hacia una nueva axiología
mundial transversalizada por la cultura de paz. En cualquiera de los casos o
formas en las que haya surgido el COVID-19, creado por alguien, producto de un
animal, país o potencia, debemos entender que es una amenaza que no puede ni
debe ser abordada desde la parcialidad, con visión sectorizante; es imperativo
trascender los intereses particulares de economías, corporaciones o élites para
poder afrontar exitosamente esta amenaza. Debemos pasar todo escenario posible
por el tamiz de la cultura de paz. Eso demanda una nueva deontología social,
global más humana, donde prevalezca el verdadero sentido del ser humano por
sobre los intereses económicos de países, élites o corporaciones.
REFLEXIONES FINALES.
En el ámbito nacional, partiendo de la premisa de que la
institución atiende y la comunidad cuida (Svampa, 2020) otra tarea importante
para hacer frente a escenarios futuros, es aprovechar las experiencias de
trabajo de los comités de salud para formular procesos alternativos de gestión
participativa pero ahora desde una red de atención comunitaria complementada
con los cuidados integrales a la salud; destacada importancia tendría indagar
en la posibilidad de promover procesos de articulación de las diferentes formas
de ejercicio del poder popular existentes en la comunidad pero desde una
perspectiva despatriarcalizadora y decolonial.
Asimismo, para contribuir a disminuir procesos peligrosos
que propicien la propagación de enfermedades infecciosas de origen zoonótico,
siendo importante generar mayores conocimientos e intercambio de experiencias
que permitan: estimular la práctica de la agroecología y la soberanía
alimentaria como elementos de la seguridad y defensa de la salud; procurar el
uso de sustancias ecológicamente amigables con la tierra y sus componentes en
sustitución de los agrotóxicos; luchar en contra de la producción y consumo de
alimentos transgénicos y promover el uso de semillas autóctonas; evidenciar los
impactos de la resistencia bacteriana en los humanos causada por el consumo de
alimentos cárnicos contaminados; estimular la cría ecológicamente sustentable
de animales para consumo y finalmente formular propuestas para profundizar en
el monitoreo sanitario, integral y epidemiológico, de la producción,
importación y comercialización de alimentos de origen animal o vegetal que
ingresan o se producen en el país para el consumo humano en sus variadas
formas.
De igual manera, sería muy interesante generar
reflexiones desde la sistematización de la experiencia del trabajo articulado
de nuestras instituciones en la lucha contra el COVID 19 (FANB, seguridad
ciudadana, educación, comunicación, cultura, deportes, alimentación, poder
popular, entre otros) ya que ha dado muestra de la eficiencia del trabajo en
equipo, esta dinámica debe mantenerse fortalecida y cohesionada, más allá del
periodo postpandémico, como una nueva ética en las políticas públicas del
estado venezolano.
Con la articulación de nuestras casas de estudios,
Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, UNEFA, UBV, UCS “Hugo Chávez”,
IAE “Dr Arnoldo Gabaldón”, entre otras, junto a nuestros institutos de
investigación como el Instituto Nacional de Hipódromos (INH), IDEA, IVIC
debemos ser capaces de generar estrategias para fortalecer y diversificar
nuestra industria farmacéutica, alimentaria, cognitiva, comunicacional,
cultural y de tecnología médica así como una profundización de nuestra
identidad patria para procurarnos así nuestra Soberanía Sanitaria.
Debemos animarnos a revisar y reimpulsar nuestros
programas de formación universitaria en salud; a rehumanizar la gestión de los
establecimientos de atención médica y de cuidados a la salud así como
garantizar que la institucionalidad del sector salud sea objeto de contraloría
social por parte de la ciudadanía; también resulta importante formular pautas
de saneamiento ambiental y de contraloría sanitaria desde un enfoque ecológicamente
sustentable y también es pertinente proponer indicadores y categorías desde los
fundamentos de la salud colectiva y de la epidemiologia crítica que sean útiles
para la toma de decisiones en la toda la red de atención a la salud con
participación popular. Lo anterior, constituye los factores clave estratégicos
para acceder a cualquier escenario postpandémico de manera adecuada,
sustentada, para poder enfrentar los inevitables imponderables de la
prospectiva, acompañado de un proceso de sensibilización hacia un pensamiento
que mire la salud desde la emancipación social, la solidaridad, el
reconocimiento, la participación, el enfoque de género y la seguridad y defensa
de la nación en quienes formamos parte de la institución de salud.
Es por ello, que desde la perspectiva de la salud
colectiva, la epidemiologia crítica y la ecología política seria interesante
activar una discusión transformadora y menos burocratista del tema ecológico y
así estimular la discusión prospectiva de procesos peligrosos para la salud y
la vida orientados a: formular indicadores y categorías complementarias desde
las ciencias sociales para el estudio de enfermedades infecciosas y endémicas
de transmisión vectorial; diseñar estrategias sustentables para la protección y
defensa de la biodiversidad y de los recursos estratégicos no renovables;
discernir acerca del poblamiento urbano y la crisis metabólica de la basura;
impulsar el monitoreo ecológico integrado de la salud humana, animal y vegetal;
estimular la organización, participación y movilización comunitaria en la
protección y defensa ambiental; así como estimular el derecho al acceso al agua
para consumo humano, el derecho a la ciudad y los derechos de la Pachamama en
el marco del Buen Vivir.
Necesidad
de una visión sociopoiética para la concepción sobre el futuro post pandemia
COVID-19: La actual emergencia sanitaria se convertirá, en breve, en una
profunda crisis económica, social y laboral. Los jóvenes podrán continuar con
sus estudios y formarse, pero ¿para qué futuro? Es evidente que se plantea una
enorme incertidumbre.
Es
imperiosa la mirada del ser desde una nueva ontología ante el futuro post
pandemia, lo que nos lleva indefectiblemente a una nueva epistemología para
entender nuevos procesos y escenarios emergentes en lo emergente. Es necesario,
el fortalecimiento de la nuevas axiología y deontologías humanas, para buscar
la coherencia que nos permita alcanzar una praxiología acorde al nuevo orden
mundial, que aunque muchos lo vean como algo sacado de la ciencia ficción o les
suene a teoría conspirativa, indudablemente, la pandemia y el futuro posible
post pandemia, nos impondrá un nuevo orden mundial al cual tendremos que
adaptarnos o perecer.