REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA
DEFENSA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL
POLITÉCNICA DE LA FUERZA ARMADA NACIONAL BOLIVARIANA
DOCTORADO EN SEGURIDAD Y DEFENSA
INTEGRAL DE LA NACIÓN
CARACAS, JULIO DE 2020
Docente: Dr. Miguel Álvarez Cádiz
Cédula de Identidad: 10.540.848
Correo
Electrónico: geovanni_vargasp@hotmail.com
TEXTO ANALIZADO:
Título: Manual de Iniciación Pedagógica al Pensamiento Complejo
Manual de Iniciación Pedagógica al
Pensamiento Complejo (Libro PDF)
Compilación: Dr.
Marco Antonio Velilla bajo la tutela del ICFES-UNESCO
Los fundamentos e implicaciones filosóficas y
epistemológicas del paradigma de la complejidad, tienen un carácter transdisciplinar.
Teorías, ciencias, pensamiento científico, posiciones, conversaciones,
disciplinas, aproximaciones, creaciones artísticas, literarias o tecnológicas,
han contribuido y continúan contribuyendo a la construcción de este paradigma
emergente.
La complejidad como concepto es evidencia de
numerosas incapacidades: la incapacidad de alcanzar certezas, de formular
leyes, de concebir un orden absoluto, de evitar contradicciones, de comprender
la realidad como unidimensional. Para Morin, está regida por tres principios:
el principio dialógico - orden y desorden mantenidos a la vez en una unidad -
el principio de recursividad, que rompe con la idea lineal de causa - efecto,
de producto-productor, de estructura-superestructura, porque el todo constituye
un ciclo autoconstitutivo, autoorganizador y autoproductor y el principio
hologramático que promulga que el todo esta en las partes que están en el todo.
"El todo es más y al mismo tiempo menos que la suma de las partes"
La complejidad no es y nunca podrá ser una
receta.
Edgar Morin (1997) señala que a nivel
filosófico, Hegel, Marx, Bachelard y Lukacs están en la base epistemológica del
paradigma de la complejidad. Bachelard, filósofo de las ciencias había
descubierto que: "(…) lo simple no existe, solo existe lo simplificado. La
ciencia no es el estudio del universo simple, es una simplificación heurística
necesaria para extraer ciertas propiedades, ver ciertas leyes. En los orígenes
más remotos Hegel y su concepto de la dialéctica como lucha de contrarios y
posteriormente el materialismo dialéctico y el método marxista, con la dialéctica
como método de análisis histórico, se erigen en fuentes filosóficas y
metodológicas del pensamiento complejo. Quizás, la dialógica de la complejidad
representa un juego de encuentros filosóficos de pensamientos contradictorios
en su origen.
El
paradigma,
según
Morin
(1994),
organiza
nuestra
cosmovisión
y,
por
lo
tanto, se
debe
edificar
un
patrón
que
cuestione
nuestra
racionalidad
simplificadora.
Es
decir,
no
se
limita
como
en
el
caso
de
Kuhn,
a
restringir
al
paradigma
a
su
rol
de
enfoque
teórico‐metodológico,
sino
que
éste
debe
transformarse
en
una
herramienta
de
crítica
y
cuestionamiento
de
su
propia
racionalidad
y
fundamentos.
Morin,
asumió
la
idea
de
sistema
complejo
de
la
sistémica
clásica
y
le
integró
la
idea
de
complejidad.
Asumió
que
la
complejidad nació
de
la
interacción
de
las
partes
que
componen
al
sistema
complejo,
es
decir,
la
complejidad
se
manifestó
en
el
sistema
mismo.
La
complejidad
apareció
justamente
como
resultado
de
la
organización
del
“todo”
bajo
la
presión
de
las
infinitas
combinaciones
de
interacciones
simultáneas
y
que
abundaron
en
interrelaciones
no‐lineares.
La
complejidad
no
ha
resultado
una
cualidad
adicional,
por
fuera,
de
los
sistemas
complejos,
sino,
que
forma
parte
constitutiva del
mismo.
Morin
(1994)
planteó
la
idea
de
que
la
teoría
del
conocimiento
deviene
en
teoría
crítica
de
la
sociedad,
ya
que
el
modo
como
conocemos
fundamenta
nuestra
racionalidad
y
fundamenta,
además,
sus
principios
de
inteligibilidad.
El
paradigma
se
ha
transformado,
de
esta
manera,
en
una
estructura
de
interpretación
de
la
realidad
y
de
orientación
de
la
acción.
El
pensamiento
complejo
se
opuso
a
la
concepción
que
considera
al
paradigma
únicamente
como
una
herramienta
heurística
y
procuró
fundamentar
una
epistemología
en
permanente
construcción
y
re‐construcción.
Morin
(1992)
decia
que:
La
salida
es
lógicamente
imposible
y
la
lógica
no
puede
sino
encerrarnos
en
un
círculo
vicioso:
hay
que
cambiar
las
condiciones
socioculturales
para
cambiar
la
conciencia,
pero
hay
que
cambiar
la
conciencia
para
modificar
las
condiciones
culturales.
Cada
verdadera
revolución
paradigmática
se
efectúa
en
condiciones
lógicamente
imposibles,
pero
así
ha
nacido
la
vida,
así
ha
nacido
el
mundo:
en
condiciones
lógicamente
mposibles
(p.
242).
Según Morin
(1994),
nos dice cuáles
han
sido
los
principales
fundamentos teóricos
de
su
propuesta
epistémica:
Desde
mis
primeros
libros
he
afrontado
a
la
complejidad,
que
se
transformó
en
el denominador
común
de
tantos
trabajos
diversos
que
a muchos
le
parecieron
dispersos.
Pero
la palabra
complejidad
no
venía
a
mi
mente,
hizo
falta
que
lo
hiciera,
a
fines
de
los
años
60, vehiculizada
por
la
Teoría
de
la
información,
la
Cibernética,
la
Teoría
de
sistemas,
el
concepto de
auto‐organización,
para
que
emergiera
bajo
mi
pluma
o,
mejor
dicho,
en
mi
máquina
de escribir.
Se
liberó,
entonces,
de
su
sentido
banal
(complicación,
confusión)
para
reunir
en sí orden,
desorden
y
organización
y,
en
el
seno
de
la
organización,
lo
uno
y
lo
diverso;
esas
nociones
han
trabajado
las
unas
con
las
otras,
de
manera
a
la
vez
complementaria
y
antagonista;
se
han
puesto
en
interacción
y
en
constelación.
El
concepto
de
complejidad
se
ha
formado,
agrandado,
extendido
sus
ramificaciones,
pasado
de
la
periferia
al
centro
de
mi
meta,
devino
un
macro‐concepto,
lugar
crucial
de
interrogantes,
ligando
en
sí
mismo,
de
allí
en
más,
al
nudo
gordiano
del
problema
de
las
relaciones
entre
lo
empírico,
lo
lógico
y
lo
racional
(pp.
23‐24).
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