En
la medida que estudiamos más la prospectiva como herramienta estratégica de
planificación más interés despierta en nosotros como estudiosos de la realidad
y en la aspiración de ser profesionales útiles que aporten su grano de arena al
desarrollo integral de la Nación.
Este material clarifica muchos
aspectos que ya habíamos visto en la conferencia que dio este científico
francés en la Universidad de Externado en el año 2016. Insistimos que la el
vértice de la prospectiva es su paradigma según el cual el futuro no se predice
sino que se construye. Vaya principio fundamental para mirar el futuro y qué
oportunidad para las ciencias sociales en general. Esta aspiración, además de
ruptura paradigmática, es pragmática porque es instrumental.
Este doble juego, conceptual y
fáctico, se corresponde con una metodología prospectiva cuya consideración es
que:
“Como
el futuro cae en el campo de la voluntad, la prospectiva debe tener como
objetivo la eficacia de la acción. No hay porqué construir una teoría de la acción,
más bien hay que construir una ciencia de la práctica que, antes que una simple
aplicación de los métodos científicos a los problemas humanos, constituya un verdadero
cambio de perspectiva; el objeto no es observar el futuro a partir del presente,
sino observar el presente a partir del futuro. (Godet, 2009, pag.16)”
Observar el presente a partir del
futuro requiere tomar en cuenta lo azaroso y aleatorio del entorno, pero además
la diferencia de los tiempos de ocurrencia de las variables seleccionadas de
cara al porvenir. “La interdependencia de actividades con temporalidades
diferentes exige escoger una medida común: un horizonte determinado (Idem)”.
Pero cada una de ellas debe estar preparada o con la condición previsiva de poder
reformularse, de acuerdo a la aparición de variables no esperadas. Esto implica
entonces, determinar el ritmo de desarrollo o evolución de cada variable y cuál
es la expectativa de su cambio dentro de la planificación.
En este sentido el problema de la
incertidumbre que puede generar el azar es tratado por Godet de la siguiente
manera:
“La
incertidumbre sobre el futuro puede medirse gracias al número de escenarios que
se reparten el campo de lo probable. En principio, mientras más elevado es ese
número, mayor es la incertidumbre. Pero sólo en principio, pues también es
necesario tomar en cuenta la diferencia de contenido entre los escenarios: los
más probables pueden ser muy afines o muy opuestos. (Ibidem, pag.22)
La construcción de escenarios es
crítica para la prospectiva. Estos escenarios pueden ser afines o
contradictorios. Cuando son afines es menester identificar las variables
comunes y las variables diferentes. Cuando los escenarios son afines se dice
que el grado de incertidumbre es bajo con una estrategia arriesgada y
consistente que sea resistente a las posibilidades de evolución de las
variables.
Si el grado de incertidumbre es
elevado entonces debería cubrir más de la mitad de los escenarios planteados y
un 80% de probabilidades de ocurrencia, sobre todo si los escenarios, al no ser
afines, presenten condiciones contradictorias entre ellos. Entonces es
necesario echar mano de estrategias flexibles.
Estos aspectos metodológicos y otros
de igual interés e importancia son fundamentales para darle carácter científico
a la prospectiva. En la medida que los cambios en el entorno se vayan tornando
más veloces y acelerados se deberá afinar esta herramienta científica para
enfrentar el futuro con mayor éxito y en el mayor poder de control de las
incertidumbres. Sin duda, un reto muy duro y exigente para el científico que
pretende construir futuro. Construcción ideal que debe sobreponerse a cambios
cada vez más sorpresivos, con alcances y dimensiones muy difíciles de imaginar.
Ese es el reto del científico de hoy
porque tampoco puede darse el lujo de renunciar a la prospectiva por si no va a
ser arropado por ese futuro que, casi cotidianamente, le plantea cambios y
exigencias de interpretación de la realidad. Es decir, el carácter de cambio
acelerado de la realidad tiene la exigencia de interpretar el presente en forma
permanente entonces entendamos la complejidad del ejercicio prospectivo. Todo
un reto.
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