La mejor forma de acercarse a la
teoría de la complejidad, cuyo mejor exponente es el científico Edgar Morin, es
hacerlo desde el punto de vista epistemológico porque, al fin y al cabo, es la
forma como se concibe el mundo que nos rodea
y los distintos fenómenos que se producen en él. Hay complejidad
dondequiera se produzca un enmarañamiento de acciones, de interacciones, de
retroacciones. Y ese enmarañamiento es tal que ni siquiera una computadora
podría captar todos los procesos en curso. (Morin, xxxx: 16) Reconocer esta
complejidad no es un conformismo ante lo imposible de conocer, más bien es la
alerta y precaución necesaria, desde el punto de vista científico, de intentar,
en lo posible y en base al reconocimiento de esa complejidad, la construcción de
un pensamiento científico de comprensión del mundo.
Para
la complejidad hay fenómenos lógicos y hay otros aleatorios, estos últimos
Morin los considera como empíricos. Son especies de polos (lógico-empírico) que
cuando aparecen e interactúan configuran la complejidad. Ahora bien, ese polo
lógico no es reduccionista ni tiende a la simplicidad. Es una lógica compleja
que considera el todo y las partes, pero ese todo está en todas las partes y
viceversa, de acuerdo al principio básico de Pascal.
Otro
aspecto epistemológico clave es el criterio de unidad –no totalizadora- de las
ciencias:
“En la escuela hemos aprendido a
pensar separando. Aprendimos a separar las materias: la historia, la geografía,
la física, etc. ¡Muy bien! Pero si miramos mejor, vemos que la química, en un
nivel experimental, está en el campo de la microfísica. Y sabemos que la
historia siempre ocurre en un territorio, en una geografía. Y también sabemos
que la geografía es toda una historia cósmica a través del paisaje, a través de
las montañas y llanuras... Está bien distinguir estas materias pero no hay que
establecer separaciones absolutas. Aprendimos muy bien a separar. Apartamos un
objeto de su entorno (…) (Ibidem: 18)”
Morin
también afirma que nuestra época, a partir de la complejidad, está frente a una
revolución paradigmática. Esto se explica porque, a propósito del reduccionismo
y la simplicidad, creemos interpretar la realidad cuando, en verdad, estamos
interpretándola como quiere que lo hagamos el paradigma dominante, que siempre
oculta un interés de fondo.
Retoma
la noción de organización para en un nuevo sentido, es precisamente ella la que
le da ligazón a un sistema “que es un todo constituido de elementos diferentes
ensamblados y articulados. (Ibidem: 20)” y ese todo tiene una cantidad de
propiedades que no tienen las partes si no están integradas. Esas partes deben
estar articuladas y ensambladas:
“Decía antes que la sociedad es
un todo cuyas cualidades retroactúan sobre los individuos dándoles un lenguaje,
cultura y educación. El todo, por lo tanto, es más que la suma de las partes.
Pero al mismo tiempo es menos que la suma de las partes porque la organización
de un todo impone constricciones e inhibiciones a las partes que lo forman, que
ya no tienen entera libertad. (Idem)”
Un último elemento que queremos resaltar de la
teoría de la complejidad, desde el punto de vista epistemológico, es que Morin
considera que el pensamiento complejo no es un pensamiento completo, se
acostumbra a vivir con la incertidumbre, al contrario como nos han enseñado a
vivir descartando las incertidumbres. No descarta las certezas pero las niega
desde el punto de vista del dogmatismo de la misma certeza, por ello el secreto
está en la identificación de las falsas certezas. Reconoce que es un proceso
lento que si bien, a finales del siglo pasado, habíamos llegado al fin de la
historia de las realizaciones del pensamiento, un poco en la resignación de la
certeza, actualmente asistimos más bien estamos en la prehistoria del espíritu
humano.
Debemos
admitir que a teoría de la compleja tiene grandes dificultades para su
compresión, precisamente por nuestra tendencia a la simplificación como forma
de dominio o de conocimiento de la realidad. Morin nos reta, desde una
perspectiva constructivista, aceptar el reto de la comprensión de lo complejo
en una superación epistemológica de la simple ecuación paradigmática
sujeto-objeto.
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