miércoles, 1 de julio de 2020

Epistemología de la complejidad según Edgar Morin. Disertación 1

La mejor forma de acercarse a la teoría de la complejidad, cuyo mejor exponente es el científico Edgar Morin, es hacerlo desde el punto de vista epistemológico porque, al fin y al cabo, es la forma como se concibe el mundo que nos rodea  y los distintos fenómenos que se producen en él. Hay complejidad dondequiera se produzca un enmarañamiento de acciones, de interacciones, de retroacciones. Y ese enmarañamiento es tal que ni siquiera una computadora podría captar todos los procesos en curso. (Morin, xxxx: 16) Reconocer esta complejidad no es un conformismo ante lo imposible de conocer, más bien es la alerta y precaución necesaria, desde el punto de vista científico, de intentar, en lo posible y en base al reconocimiento de esa complejidad, la construcción de un pensamiento científico de comprensión del mundo.

                Para la complejidad hay fenómenos lógicos y hay otros aleatorios, estos últimos Morin los considera como empíricos. Son especies de polos (lógico-empírico) que cuando aparecen e interactúan configuran la complejidad. Ahora bien, ese polo lógico no es reduccionista ni tiende a la simplicidad. Es una lógica compleja que considera el todo y las partes, pero ese todo está en todas las partes y viceversa, de acuerdo al principio básico de Pascal.

                Otro aspecto epistemológico clave es el criterio de unidad –no totalizadora- de las ciencias:

“En la escuela hemos aprendido a pensar separando. Aprendimos a separar las materias: la historia, la geografía, la física, etc. ¡Muy bien! Pero si miramos mejor, vemos que la química, en un nivel experimental, está en el campo de la microfísica. Y sabemos que la historia siempre ocurre en un territorio, en una geografía. Y también sabemos que la geografía es toda una historia cósmica a través del paisaje, a través de las montañas y llanuras... Está bien distinguir estas materias pero no hay que establecer separaciones absolutas. Aprendimos muy bien a separar. Apartamos un objeto de su entorno (…) (Ibidem: 18)”

                Morin también afirma que nuestra época, a partir de la complejidad, está frente a una revolución paradigmática. Esto se explica porque, a propósito del reduccionismo y la simplicidad, creemos interpretar la realidad cuando, en verdad, estamos interpretándola como quiere que lo hagamos el paradigma dominante, que siempre oculta un interés de fondo.

                Retoma la noción de organización para en un nuevo sentido, es precisamente ella la que le da ligazón a un sistema “que es un todo constituido de elementos diferentes ensamblados y articulados. (Ibidem: 20)” y ese todo tiene una cantidad de propiedades que no tienen las partes si no están integradas. Esas partes deben estar articuladas y ensambladas:

“Decía antes que la sociedad es un todo cuyas cualidades retroactúan sobre los individuos dándoles un lenguaje, cultura y educación. El todo, por lo tanto, es más que la suma de las partes. Pero al mismo tiempo es menos que la suma de las partes porque la organización de un todo impone constricciones e inhibiciones a las partes que lo forman, que ya no tienen entera libertad. (Idem)”

                Un  último elemento que queremos resaltar de la teoría de la complejidad, desde el punto de vista epistemológico, es que Morin considera que el pensamiento complejo no es un pensamiento completo, se acostumbra a vivir con la incertidumbre, al contrario como nos han enseñado a vivir descartando las incertidumbres. No descarta las certezas pero las niega desde el punto de vista del dogmatismo de la misma certeza, por ello el secreto está en la identificación de las falsas certezas. Reconoce que es un proceso lento que si bien, a finales del siglo pasado, habíamos llegado al fin de la historia de las realizaciones del pensamiento, un poco en la resignación de la certeza, actualmente asistimos más bien estamos en la prehistoria del espíritu humano.

                Debemos admitir que a teoría de la compleja tiene grandes dificultades para su compresión, precisamente por nuestra tendencia a la simplificación como forma de dominio o de conocimiento de la realidad. Morin nos reta, desde una perspectiva constructivista, aceptar el reto de la comprensión de lo complejo en una superación epistemológica de la simple ecuación paradigmática sujeto-objeto.


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