La prospectiva no consiste en adivinar
el futuro, es un componente esencial y el punto de partida ineludible de la
planificación estratégica en cualquier actividad humana, especialmente aquellas
relacionadas con las políticas públicas y la gestión de gobierno. La
prospectiva fue instituida a mediados de los cincuenta por el filósofo Gaston
Berger, que la formalizó partiendo de una crítica a la decisión, con la
intención de esbozar un nuevo método que reconciliaba el querer, el saber y el
poder; las ganas, los fines y los medios, dando al político la posibilidad de
convertir sus aspiraciones en propósitos, su visión del futuro en acciones y
sus sueños en proyectos.
Por
otro lado, la prospectiva es una herramienta de uso habitual en el ámbito
militar y de inteligencia estratégica, por medio de ella se tratan de
identificar los motores de cambio de la realidad para analizar su posible
evolución y a partir de ellos construir escenarios a los que dirigirse o evitar
y prevenir. Para ello es necesario contemplar los fenómenos sociales con una
perspectiva sistémica, entender qué variables resultan determinantes y cuyo
comportamiento en función del tiempo se desea analizar y proyectar, qué
patrones se pueden establecer entre estas y qué factores pueden cambiar radicalmente
la morfología de una realidad que se desea analizar prospectivamente.
Pero
para que dicha contemplación al futuro rinda frutos, Berger (1957) preconizaba que se deben cultivar seis virtudes fundamentales. La
primera de esas cualidades es la calma, necesaria para tomar la
distancia que permita conservar el control de sí. La imaginación, complemento
útil de la razón, que abre el camino a la innovación y otorga, a aquel que
demuestre tenerla, una mirada diferente y original del mundo. El espíritu
de equipo es indispensable para actuar con eficiencia, tanto como el
entusiasmo, que empuja a esa misma acción y hace al hombre capaz de crear. El valor
es esencial para salirse de los caminos señalados, para innovar, para emprender
y asumir los riesgos inherentes. El sentido de lo humano es la virtud
primordial; para tener conciencia de su devenir, una sociedad debe poner al
hombre ante todo. Finalmente, la cultura
desempeña en esto un papel esencial pues permite aprehender el pensamiento del
otro; da la posibilidad de entender antes de juzgar; muestra, a través de sus
diversas formas, cómo el hombre puede
tomar las riendas de su destino.
A
su vez estas virtudes facilitan poner la previsión al servicio de la acción y
generar así lo que se llama la prospectiva estratégica la cual
tiene por objetivo proponer orientaciones estratégicas y acciones basadas en
las competencias de la organización en función de los escenarios de evolución
de su entorno. Entendiéndose escenario, según Godet, como un conjunto formado por la descripción de una
situación futura y por la serie de hechos que permiten pasar de la situación
original a la situación futura, tomando en cuenta que existen dos tipos de
escenarios los exploratorios, que
parten de tendencias anteriores y presentes y conducen a futuros verosímiles;
los anticipatorios
o normativos, construidos a partir de imágenes alternativas del futuro,
deseadas o temidas.
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