jueves, 23 de julio de 2020

COMPLEJIDAD, TRANSDISCIPLINARIEDAD Y PROSPECTIVA (III PARTE)

COMPLEJIDAD, TRANSDISCIPLINARIEDAD Y PROSPECTIVA (III PARTE)
TEXTO ANALIZADO: Prospectiva disertación 2. ELECTIVA III

David C. Tovar A. datocaan@hotmil.com
La planificación, no debe ser vista como camisa de fuerza. Es una guía de acción hacia el alcance de los objetivos. Mientras más flexible, mejor.
Dakka Tohan

En la actualidad, hablar de prospectiva, es un hecho común en todos los ámbitos y escalas de la vida. A mediados del siglo pasado, en la década de los años cuarentas, donde la planificación por lo general, era lineal, todo aspecto de gestión futura se hacía sobre la base de variables únicamente gobernables, centrada en una sola categoría de actores; por tanto, se hacía arduo el manejo de escenarios prospectivos y por ende la predicción de tendencias, salvo casos excepcionales de organismos y agencias estatales en Europa y Estados Unidos de Norteamérica, dedicados a la futurología. Sin dudas, eran vistos como gurúes, pues, manejaban la incipiente disciplina que ahora es manejada casi de manera obligatoria por todos los gobiernos, empresas públicas o privadas, para poder sobrevivir a lo convulso del entorno y favorecer la toma de decisiones.

Ningún plan, por bueno que sea, resiste su primer contacto con el enemigo, con la realidad. La frase se le reconoce al Mariscal de Campo Helmuth Carl Bernard von Moltke apodado el viejo, fue uno de los genios militares que ayudó a convertir a Prusia en la nación que dominara Alemania, gracias a la concepción de que lo importante de la planificación, a fin de cuentas, no es cumplirla, sino alcanzar los objetivos que se pretenden alcanzar por medio de ella. Tradicionalmente se ha caído en la trampa de ver la planificación y su cumplimiento como el fin; cuando en realidad es el medio para acceder a los estadios deseados del ser o de la realidad. Esto, nos llama a ver la relevancia de los escenarios, posibles estadios, salir de la caja para poder visualizar los elementos emergentes, para predecir los “icebergs”, que puedan hundir nuestra embarcación.
  
Muchas personas hablan de la prospectiva como una ciencia; lo cual es un error de concepto; toda vez que una ciencia posee ciertas características fácticas que le dan la solidez de la observación, medición, la cuantificación, cualificación y la comprobación. Lleva inmersa la irrefutabilidad, aunque falseable, por el tiempo que otra ciencia o teoría pueda derogarla. En cambio, la prospectiva es una disciplina, una nueva forma de enfocar la realidad más flexible y adaptable, para manejar los posibles e imponderables escenarios que el día a día imponen. que surge de la necesidad de afrontar, y ello ha conducido a la elaboración de métodos, procesos y sistemas prospectivos que permiten formular interrogaciones sistemáticas y organizadas acerca de los futuros posibles (Futuribles) de  la sociedad; hay autores, que emplean el término Futurable, como futuro deseable, inmerso en los futuribles; incluso, creable, dable, en caso de no estar conceptuado en los primeros.

Ya en las últimas décadas del siglo XX, los estudios del futuro o estudios prospectivos, no eran vistos como “ exclusivos de los gurúes”, sino como una disciplina emergente de las ciencias sociales en que se reúne un conjunto de teorías, métodos, instituciones, autores y centros especializados, incluso universidades exclusivas, que generan conocimiento acerca de la reducción y la gestión de la incertidumbre frente a los cambios sociales, y la preparación para la toma de decisiones estratégicas, caracterizadas por ser irreversibles y por tener altos costos e impactos en la sociedad.

El desarrollo de la prospectiva actual, es una inevitable unión de las líneas “dura y blanda”, que se establecieron a finales del siglo pasado cuando se hablaba de futurología europea y norteamericana como algo etéreo, relacionado con la adivinación y el devenir; cargados de imponderables, subjetividad y nada de gobernabilidad de variables o de actores, como propugna la planificación estratégica actualmente. Es innegable, que los estudios prospectivos han avanzado, crecido y evolucionado a la par de las transformaciones de la planificación y del entorno mundial, y a lo largo del tiempo han ido surgiendo nuevos enfoques y conceptos. Ya no es solo adivinación sobre escenarios caóticos, ingobernables y subjetivos; la prospectiva, ha adquirido el tinte de la ciencia y del arte, para poder acceder a una visión más generalizadora, flexible, menos sectorizante de la realidad, para consuelo del ser humano ante la imposibilidad de predecir con exactitud y de la frustración profunda de gobernar plenamente el futuro. Es así, como en escala regional latinoamericana y en Venezuela, los estudios prospectivos han cobrado relavencia tal, que no existe institución gubernamental, privada o pública, que no se adhiera a los escenarios futuribles o futurables para garantizar su supervivencia y proyección generacional.

Muestra de lo anteriormente expresado, es que la CEPAL, ha establecido la Agenda 2030 para el desarrollo prospectivo de América Latina; esta agenda se puede catalogar como una de las acciones prospectivas para el desarrollo de la región con mayor proyección y potencialidades. En este particular, La planificación se fortalece a partir de la incorporación progresiva del pensamiento y la acción para el largo plazo. La elaboración de visiones de futuro en más de 20 naciones ilustra el ascenso de la prospectiva como referente e ingrediente del ejercicio de la planificación, aunque su aplicación en las políticas públicas y la toma de decisiones estratégicas es aun incipiente. Mejoran pues las capacidades de prospectiva y pensamiento de futuro, componentes esenciales del quehacer de un Estado activo que no solo observa el entorno o reacciona frente a coyunturas, sino que lidera, anticipa, propone, convoca y coordina, es decir, planifica con estrategia y visión.

El avance y el rumbo de la planificación son heterogéneos en la región. En cualquier caso, hay semillas que pronto podrán fructificar, gracias al impulso de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El esfuerzo para erradicar la pobreza extrema y el hambre y reducir de manera sostenida la desigualdad en todas sus formas requiere persistencia durante muchos años, a partir de decisiones de Estado, apoyadas por una eficaz gestión pública y una planificación estratégica con visión de largo plazo. Se configura, pues, un escenario para la acción colectiva que abre un espacio propicio para que la planificación del desarrollo y la prospectiva se consoliden como instrumentos al servicio de la intervención pública para la implementación, seguimiento y evaluación de la Agenda 2030.



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