COMPLEJIDAD,
TRANSDISCIPLINARIEDAD Y PROSPECTIVA (III PARTE)
TEXTO ANALIZADO: Prospectiva disertación 2. ELECTIVA
III
David C. Tovar A. datocaan@hotmil.com
La planificación, no
debe ser vista como camisa de fuerza. Es una guía de acción hacia el alcance de
los objetivos. Mientras más flexible, mejor.
Dakka Tohan
En la actualidad, hablar de
prospectiva, es un hecho común en todos los ámbitos y escalas de la vida. A
mediados del siglo pasado, en la década de los años cuarentas, donde la
planificación por lo general, era lineal, todo aspecto de gestión futura se
hacía sobre la base de variables únicamente gobernables, centrada en una sola
categoría de actores; por tanto, se hacía arduo el manejo de escenarios
prospectivos y por ende la predicción de tendencias, salvo casos excepcionales
de organismos y agencias estatales en Europa y Estados Unidos de Norteamérica,
dedicados a la futurología. Sin dudas, eran vistos como gurúes, pues, manejaban
la incipiente disciplina que ahora es manejada casi de manera obligatoria por
todos los gobiernos, empresas públicas o privadas, para poder sobrevivir a lo
convulso del entorno y favorecer la toma de decisiones.
Ningún plan, por bueno que sea,
resiste su primer contacto con el enemigo, con la realidad. La frase se le
reconoce al Mariscal de Campo Helmuth Carl Bernard von Moltke apodado el viejo,
fue uno de los genios militares que ayudó a convertir a Prusia en la nación que
dominara Alemania, gracias a la concepción de que lo importante de la
planificación, a fin de cuentas, no es cumplirla, sino alcanzar los objetivos
que se pretenden alcanzar por medio de ella. Tradicionalmente se ha caído en la
trampa de ver la planificación y su cumplimiento como el fin; cuando en
realidad es el medio para acceder a los estadios deseados del ser o de la
realidad. Esto, nos llama a ver la relevancia de los escenarios, posibles
estadios, salir de la caja para poder visualizar los elementos emergentes, para
predecir los “icebergs”, que puedan hundir nuestra embarcación.
Muchas personas hablan de la
prospectiva como una ciencia; lo cual es un error de concepto; toda vez que una
ciencia posee ciertas características fácticas que le dan la solidez de la observación,
medición, la cuantificación, cualificación y la comprobación. Lleva inmersa la
irrefutabilidad, aunque falseable, por el tiempo que otra ciencia o teoría
pueda derogarla. En cambio, la prospectiva es una disciplina, una nueva forma
de enfocar la realidad más flexible y adaptable, para manejar los posibles e
imponderables escenarios que el día a día imponen. que surge de la necesidad de
afrontar, y ello ha conducido a la elaboración de métodos, procesos y sistemas
prospectivos que permiten formular interrogaciones sistemáticas y organizadas
acerca de los futuros posibles (Futuribles) de
la
sociedad; hay autores, que emplean el término Futurable, como futuro deseable,
inmerso en los futuribles; incluso, creable, dable, en caso de no estar
conceptuado en los primeros.
Ya en
las últimas décadas del siglo XX, los estudios
del futuro o estudios prospectivos, no eran vistos como “ exclusivos de los
gurúes”, sino como una disciplina emergente de las ciencias sociales en que se
reúne un conjunto de teorías, métodos, instituciones, autores y centros
especializados, incluso universidades exclusivas, que generan conocimiento
acerca de la reducción y la gestión de la incertidumbre frente a los cambios
sociales, y la preparación para la toma de decisiones estratégicas,
caracterizadas por ser irreversibles y por tener altos costos e impactos en la
sociedad.
El desarrollo de la prospectiva
actual, es una inevitable unión de las líneas “dura y blanda”, que se
establecieron a finales del siglo pasado cuando se hablaba de futurología
europea y norteamericana como algo etéreo, relacionado con la adivinación y el
devenir; cargados de imponderables, subjetividad y nada de gobernabilidad de
variables o de actores, como propugna la planificación estratégica actualmente.
Es innegable, que los estudios prospectivos han avanzado, crecido y
evolucionado a la par de las transformaciones de la planificación y del entorno
mundial, y a lo largo del tiempo han ido surgiendo nuevos enfoques y conceptos.
Ya no es solo adivinación sobre escenarios caóticos, ingobernables y subjetivos;
la prospectiva, ha adquirido el tinte de la ciencia y del arte, para poder
acceder a una visión más generalizadora, flexible, menos sectorizante de la
realidad, para consuelo del ser humano ante la imposibilidad de predecir con exactitud
y de la frustración profunda de gobernar plenamente el futuro. Es así, como en escala
regional latinoamericana y en Venezuela, los estudios prospectivos han cobrado
relavencia tal, que no existe institución gubernamental, privada o pública, que
no se adhiera a los escenarios futuribles o futurables para garantizar su supervivencia
y proyección generacional.
Muestra de lo anteriormente
expresado, es que la CEPAL, ha establecido la Agenda 2030 para el desarrollo
prospectivo de América Latina; esta agenda se puede catalogar como una de las
acciones prospectivas para el desarrollo de la región con mayor proyección y
potencialidades. En este particular, La planificación
se fortalece a partir de la incorporación progresiva del pensamiento y la
acción para el largo plazo. La elaboración de visiones de futuro en más de 20
naciones ilustra el ascenso de la prospectiva como referente e ingrediente del
ejercicio de la planificación, aunque su aplicación en las políticas públicas y
la toma de decisiones estratégicas es aun incipiente. Mejoran pues las
capacidades de prospectiva y pensamiento de futuro, componentes esenciales del
quehacer de un Estado activo que no solo observa el entorno o reacciona frente
a coyunturas, sino que lidera, anticipa, propone, convoca y coordina, es decir,
planifica con estrategia y visión.
El avance y el rumbo de la planificación
son heterogéneos en la región. En cualquier caso, hay semillas que pronto
podrán fructificar, gracias al impulso de la Agenda 2030 para el Desarrollo
Sostenible. El esfuerzo para erradicar la pobreza extrema y el hambre y reducir
de manera sostenida la desigualdad en todas sus formas requiere persistencia
durante muchos años, a partir de decisiones de Estado, apoyadas por una eficaz
gestión pública y una planificación estratégica con visión de largo plazo. Se
configura, pues, un escenario para la acción colectiva que abre un espacio
propicio para que la planificación del desarrollo y la prospectiva se
consoliden como instrumentos al servicio de la intervención pública para la
implementación, seguimiento y evaluación de la Agenda 2030.
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