En esta lectura se aprecia que el
abordaje de escenarios debe cumplir con una serie de cuatro (4) fases
que se encuentran en constante interacción entre: La Normativa que se
orienta a responder la inquietud ¿cuál
es el futuro, que deseamos? ¿Cómo puede
ser nuestro futuro? y pretende por resultado obtener el futuro deseable, el
futuro próximo. La siguiente fase es la Definicional, que responde a la
inquietud ¿Cómo es el presente? ¿Cuáles son sus propiedades relevantes e
interacción? Y busca tener por resultado un modelo o percepción de la realidad.
La tercera fase de confrontación estratégica y factibilidad, responde a la
pregunta: ¿Cuál debe ser el perfil para que exista la convergencia entre el
polo prospectivo (lo ideal) y la situación (lo real)?, ¿Cuál habrá de ser la
orientación global para que el futurable sea alcanzado?, esta fase tiene
carácter valorativo; en ella se produce cierto tipo de evaluación, elemento
primordial en la determinación de los futuros factibles y de las dificultades y
potencialidades para alcanzar la imagen diseñada. Y la fase de determinación
estratégica y factibilidad, esta etapa enfatiza: el ¿Cómo hacer posible
el futurable?, ¿Cómo ir construyendo ese futuro?, y ¿Cuáles son las principales
vías de acercamiento a él?, esta fase se plantea propiciar el diseño y rediseño
de un conjunto de alternativas, dependientes de un proceso continuo de
enriquecimiento e innovación.
En
el ámbito de la planificación existe una tendencia que es muy utilizada en el
ámbito organizacional, es la llamada planificación por escenarios, la misma se
encarga de abordar los temas de las organizaciones inteligentes, de su
entrenamiento en métodos para generar
aprendizaje en equipo,
formar una visión compartida, manejar
el pensamiento sistémico,
analizar los modelos
mentales, entre otros.
Este sentido, Ortegón (2007)
señala que este enfoque
además ha contribuido
a impulsar una
corriente de teoría organizacional orientada
a entender la planificación
como un proceso
continuo de aprendizaje,
la cual puede
servir de referencia para
guiar procesos de
modernización del Estado
y de transformación de
las grandes empresas del Estado.
Finalmente,
como hemos visto la prospectiva es una herramienta muy propia del contexto de
la Seguridad y Defensa de la Nación, que implementada de manera estratégica y
planificada nos permite generar variadas opciones para hacer más eficientes el
diseño de políticas públicas que estén orientadas al bienestar de la población,
pero también nos ofrece un incentivo para movilizar ese pensamiento
estacionario, reactivo y neutral que en ocasiones paraliza a quienes formamos
parte de una organización determinada y que nos dificulta mirar de manera
sistémica y desde la complejidad, el abanico de oportunidades que hacen
posibles la trascendencia y transformación social presente para realidades
futuras más dignas y seguras, de allí que el pensamiento crítico de por si es
un pensamiento prospectivo.
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